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Novela de ejemplo · Solo lectura

Niebla

Miguel de Unamuno, 1914 · Nivola

Un joven rico y sin rumbo se enamora de una pianista que ya tiene novio, hasta que va a ver a su autor y le planta cara; el mejor ejemplo de personaje que se rebela contra quien lo escribe.

Aviso: aquí se cuenta todo, final incluido. El autor también lo sabía y no le avisó a nadie, así que estamos en paz.

La novela en una frase

Cuando Augusto Pérez, un joven rico y ocioso que deja que un perro elija por qué calle pasear, se enamora de una profesora de piano que ya tiene novio, tiene que conquistarla y, de paso, demostrar que existe de verdad, antes de que la burla de ella y la pluma de su propio autor decidan por él.

Personajes

  • Augusto Pérez Protagonista

    Joven rico, licenciado en derecho y sin oficio. Vive con dos criados en la casa de su madre, muerta hace seis meses, y pasea por la vida sin rumbo: para elegir calle, espera a que pase un perro.

    Quiere: Conquistar a Eugenia; después, simplemente, saber que existe de verdad.

    Necesita: Salir de la niebla: decidir algo por sí mismo y hacerse cargo, en vez de esperar que una mujer, un amigo o su autor le den la vida hecha.

    Se cree: «Si me enamoro, existo: el amor me sacará de la niebla.»

  • Eugenia Domingo del Arco Antagonista

    Profesora de piano, huérfana, vive con sus tíos en la Avenida de la Alameda, 58. Odia la música. Ahorra para levantar la hipoteca de la casa en que nació.

    Quiere: Casarse con Mauricio y no depender de nadie; dejar las clases de piano.

    Se cree: «Los hombres no saben hacer un favor sin ofender; a mí no me compra nadie.»

  • Mauricio Blanco Clará

    El novio de Eugenia. Sin empleo y sin ganas de tenerlo; se deja querer.

    Quiere: Que una mujer le mantenga, pero «con dignidad».

  • Rosario

    La chica de la planchadora, que lleva la ropa a casa de Augusto. Diecinueve años y más ojo del que él le supone.

  • Víctor Goti Trama B

    El mejor amigo de Augusto, cinco o seis años mayor, su rival de ajedrez en el Casino. Casado desde muy joven con Elena; tras casi doce años sin hijos, va a ser padre. Escribe una «nivola» y firma el prólogo del libro.

    Quiere: Escribir su nivola «como se vive», sin saber lo que vendrá; y que Augusto deje de pensar tanto.

  • Doña Ermelinda

    Tía de Eugenia, asturiana, práctica y casamentera. Tiene un canario, Pichín. Para ella el amor es cosa de libros y lo positivo es el matrimonio.

    Quiere: Casar a su sobrina con Augusto, que es un partido rico.

  • Don Fermín

    Tío de Eugenia y marido de Ermelinda. Anarquista «místico» y en teoría, esperantista y partidario de la ortografía fonética.

  • Liduvina

    La cocinera de Augusto, mujer de Domingo. Unos cincuenta años. Lo ve todo y lo dice a medias.

  • Domingo

    El criado de Augusto, hijo de criados de la casa. Juega al tute con su amo y tiene su propia filosofía.

  • Orfeo

    Un cachorro abandonado que Augusto recoge en la Alameda. Escucha todos sus monólogos; al final, piensa por su cuenta.

  • Miguel de Unamuno

    El autor del libro, que vive en Salamanca desde hace más de veinte años. Entra en su propia novela como personaje.

    Quiere: Tener la última palabra sobre sus criaturas: decidir él cuándo y cómo mueren.

  • Doña Soledad

    La madre de Augusto, viuda de Pérez Rovira. Vivió para su hijo y le pedía que se casara cuanto antes con una mujer de gobierno.

Estructura: Despierta al dragón

  1. 1. Aquí no pasa nada (todavía)

    Dos prólogos discuten si Augusto se suicidó o le mató su autor. Y Augusto sale a la puerta y, como no sabe adónde ir, espera a que pase un perro para seguirlo. Su mentira: si se enamora, existirá; el amor le sacará de la niebla.

  2. 2. Ya se ha liado

    Pasa una muchacha y la sigue a ella; la portera le da su nombre: Eugenia Domingo del Arco, profesora de piano. Augusto ya tiene algo que hacer en la vida, y le escribe una carta.

  3. 3. Que lo arregle otro

    Eugenia tiene novio. ¿Seguir? Lo consulta con Víctor, con los criados, con el recuerdo de su madre y con un perrito que encuentra entre unas matas. Que lo decida otro: es Augusto entero.

  4. 4. De perdidos, al río

    Un canario se cae de un balcón; Augusto lo sube y la tía de Eugenia le nombra candidato. No lo decide: le pasa, y esa es la gracia.

  5. 5. Ahora viene lo divertido

    Un hombre sin voluntad cortejando a una mujer con mucha: la hipoteca que compra y ella rechaza, Rosario en sus rodillas, el hijo de Víctor, el estudio de la mujer y el experimento. Ocupa casi todo el libro.

  6. 6. Esto no estaba en el plan

    Víctor, que le dice que solo está enamorado de cabeza y que él mismo no es más que un ente de ficción. Le cambia la pregunta, no el carácter.

  7. 7. Alguien tiene otros planes

    Eugenia y Mauricio piensan vivir de él: que se case con ese pobre don Augusto, que él pague. Y el autor, que interrumpe el relato, también tiene otros planes para su personaje.

  8. 8. Patas arriba

    Le pide la mano a Eugenia como experimento, seguro de que dirá que no. Dice que sí. Falsa victoria: el experimentador se siente rana.

  9. 9. Al ataque

    Los preparativos de la boda: Eugenia deja el piano y decide que en su casa no habrá perro. A Augusto le llevan; no actúa, porque no sabe.

  10. 10. Huele a quemado

    Augusto le busca a Mauricio un empleo lejos, y Mauricio se lleva a Rosario. Lo que se esconde es el plan de los dos.

  11. 11. Peor, imposible

    Tres días antes de la boda, la carta: Eugenia se ha ido con Mauricio y vivirá de la casa que él le regaló. No le duele el amor, dice, sino la burla.

  12. 12. Ahora se entiende todo

    Antes de matarse, va a Salamanca a consultarlo con su autor, que le revela que no existe. La mentira del revés, al pie de la letra, aunque se lo tienen que explicar.

  13. 13. A por todas

    Augusto le planta cara: quizá el ficticio sea el autor, y él quiere vivir. Por una vez quiere algo. Y pierde.

  14. 14. Y comieron perdices (o no)

    Vuelve a casa, cena como nunca («como, luego existo») y muere. Orfeo, su perro, le dedica la oración fúnebre.

Escaleta

36 escenas en 12 capítulos. Cada una con quién la cuenta, cuándo y dónde pasa.

1 Prólogo y post-prólogo · Antes de empezar

  • Víctor Goti

    El prólogo de Víctor Goti

    Fuera de la historia · Aquí no pasa nada (todavía)

    Víctor Goti presenta el libro porque don Miguel se lo ha pedido. Aclara que eso de la «nivola» es invento suyo y deja constancia de que su amigo Augusto Pérez se suicidó de verdad, digan lo que digan.

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  • Miguel de Unamuno

    Post-prólogo

    Fuera de la historia · Aquí no pasa nada (todavía)

    Don Miguel contesta a su prologuista: Augusto murió como él cuenta, por su «libérrimo albedrío y decisión». Y avisa a Goti de que, si le fastidia mucho, hará con él lo mismo.

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2 Capítulos 1–2 · Una aparición fortuita

  • Augusto Pérez

    Esperar a un perro

    día 1 · Las calles · Aquí no pasa nada (todavía)

    Augusto sale a la puerta, comprueba si llueve y, como no sabe hacia dónde tirar, decide esperar a que pase un perro y seguirlo. Pasa una muchacha y la sigue, hablando solo, sin darse cuenta, calle tras calle hasta su portal.

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  • Augusto Pérez

    Margarita, la portera

    día 1 · Avenida de la Alameda, 58 · Ya se ha liado

    Con un duro en la mano, Augusto saca a la portera lo que sabe: la muchacha se llama Eugenia Domingo del Arco, es soltera, huérfana, vive con unos tíos y da lecciones de piano. En un banco de la Alameda lo apunta en su cartera y ya se imagina a sus hijos.

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  • Augusto Pérez

    La carta

    día 1 · La casa de Augusto · Ya se ha liado

    En casa, donde vive con dos criados desde que murió su madre, se duerme pensando en Eugenia y, tras el almuerzo, se dice que la vida es una niebla. Le escribe una carta y va a llevarla; se cruza con ella sin verla. La portera le cuenta que tiene «algo así como un novio».

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3 Capítulos 3–5 · Lucharemos

  • Augusto Pérez

    Pieza tocada, pieza jugada

    día 1 · El Casino · Que lo arregle otro

    En el Casino, Augusto anuncia a Víctor que se ha enamorado; Víctor ya lo sabía, conoce a «la pianista» y le da jaque. Por la noche, jugando al tute con Domingo, pregunta a sus criados qué les parecería que se casara. Liduvina le recuerda los consejos de su madre y conoce a Eugenia, pero no suelta prenda. Pierde las dos partidas, por distraído.

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  • Augusto Pérez

    Orfeo

    día 2 · La Alameda · Que lo arregle otro

    A la mañana siguiente se cruza con Eugenia, que le saluda con los ojos. La portera le da su recado: está comprometida, tiene novio. En la Alameda recuerda a su madre y la muerte de su padre, y entre unas matas encuentra un cachorro recién nacido. Se lo lleva a casa y lo llama Orfeo.

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4 Capítulos 6–8 · El canario

  • Augusto Pérez

    El canario de doña Ermelinda

    Avenida de la Alameda, 58 · De perdidos, al río

    Mientras ronda la casa, una jaula cae de un balcón. Augusto sube el canario y entra. Don Fermín le habla en esperanto y le explica su anarquismo místico; doña Ermelinda le cuenta que el padre de Eugenia se suicidó y le dejó una casa hipotecada, y le nombra su candidato. Cuando Eugenia vuelve y se entera, contesta que si ella trabaja no es para venderse.

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  • Augusto Pérez

    ¡Toda una mujer!

    Avenida de la Alameda, 58 · Ahora viene lo divertido

    Primera visita para conocerla. A Augusto le arde la cara; ella le da una mano fría como la nieve y le confiesa que no le gusta nada la música. Cuando la tía saca lo de la hipoteca, Eugenia se levanta: contestará a su carta cuando le plazca. Augusto sale encantado: «¡toda una mujer!».

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5 Capítulos 9–11 · El otro

  • Eugenia Domingo del Arco

    En la portería

    La portería de la señora Marta · Alguien tiene otros planes

    Al día siguiente, Eugenia se ve con Mauricio en el cuchitril de una portería. El pretendiente es un «panoli», pero rico, y su tía no la va a dejar en paz. Le exige que busque trabajo para casarse; él prefiere esperar y le sugiere que le ponga buena cara al panoli. Ella se va, harta.

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  • Augusto Pérez

    Un ente de ficción

    Las calles · Esto no estaba en el plan

    Camino del Casino, Augusto sigue a cuatro mujeres distintas. Víctor le explica que ha pasado de la mujer a una mujer y de una a todas, que su amor es solo de cabeza y que él mismo no es más que una idea, un ente de ficción. En casa le pregunta a Liduvina cómo se sabe si un hombre está enamorado: porque hace muchas tonterías.

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  • Augusto Pérez

    Un vaso de agua

    Avenida de la Alameda, 58 · Ahora viene lo divertido

    Eugenia le recibe a solas. Augusto casi se desmaya y ella le trae un vaso de agua. Luego, con calma, le dice que puede venir cuando quiera, pero que tiene un novio del que está enamorada y con el que piensa casarse. Llegan los tíos. Augusto anuncia que se sacrificará por la felicidad de Eugenia y se va, solemne, a hacer algo con la hipoteca.

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6 Capítulos 12–14 · La hipoteca

  • Augusto Pérez

    La del planchado

    La casa de Augusto · Ahora viene lo divertido

    Rosario trae la ropa planchada y Augusto la mira por primera vez. Le cuenta que otra mujer le ha abierto los ojos y no le quiere; la sienta en sus rodillas y le pregunta si ella le querrá. Entra Liduvina y vuelve a salir. Después le dice que ahora sí está enamorado: de la otra.

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  • Augusto Pérez

    ¡Quiere usted comprarme!

    La casa de Augusto · Ahora viene lo divertido

    Eugenia se presenta en su casa: sabe que ha comprado su hipoteca. Augusto le ofrece los papeles sin pedir nada; ella le acusa de querer comprarla, de querer comprar su cuerpo, y le regala la casa. Augusto sale a la calle, entra en San Martín y se encuentra con don Avito, que perdió a su hijo y le aconseja casarse con una mujer que le quiera. Augusto piensa en Rosario.

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  • Augusto Pérez

    El intruso

    El Casino · Ahora viene lo divertido

    Víctor juega fatal. Paseando de noche, le cuenta su secreto: tras casi doce años de matrimonio sin hijos, a gusto y al reloj, Elena está embarazada, y los dos lo viven como una burla. Le llaman «el intruso». En casa, Augusto le palpa el cuello a Orfeo, no vaya a atragantarse con un hueso.

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7 Capítulos 15–18 · Nivola

  • Eugenia Domingo del Arco

    No me gustan los hombres buenos

    Avenida de la Alameda, 58 · Ahora viene lo divertido

    La tía le pide que acepte a Augusto. Eugenia dice que es hueco, que no le gustan los hombres buenos y que se casará con Mauricio y trabajará por los dos: si un hombre ha querido comprarla con su dinero, ella puede comprar a un hombre con su trabajo. Llega Augusto: ha cancelado la hipoteca, renuncia a ella y se ofrece a buscarle un empleo a Mauricio. Eugenia ya se ha ido.

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  • Eugenia Domingo del Arco

    Él paga, y nosotros…

    La portería de la señora Marta · Alguien tiene otros planes

    Eugenia le da un ultimátum: o busca trabajo o acepta que ella les mantenga. Mauricio confiesa que el matrimonio le da miedo y propone otra solución: que se case con ese pobre don Augusto, que él pague, y ellos… Eugenia se va con los ojos ardiendo y se mete en la cama con fiebre. Esa noche Mauricio le cuenta a un amigo que va a quedar libre.

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  • Augusto Pérez

    Me están inventando

    La ciudad de Augusto · Ahora viene lo divertido

    Víctor está escribiendo una novela sin plan: los personajes se irán haciendo según hablen, habrá mucho diálogo y, cuando uno se quede solo, un perro al que hablarle. Como no será novela, la llamará «nivola». Augusto contesta que se le antoja que le están inventando. En casa le espera Rosario.

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  • Augusto Pérez

    Miedo

    La casa de Augusto · Ahora viene lo divertido

    Augusto le pide a Rosario que olvide lo del otro día, y enseguida vuelve a sentarla en sus rodillas. Le pregunta si tiene novio, le dice que Eugenia le ha rechazado del todo y le propone que le acompañe en un viaje. De pronto la aparta: tiene miedo, de ella, de él, de Liduvina. Luego, a solas, se dice que todo es comedia.

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8 Capítulos 19–22 · Amigos, nada más que amigos

  • Augusto Pérez

    ¡Yo soy yo!

    La casa de Augusto · Ahora viene lo divertido

    Doña Ermelinda trae un recado: Eugenia se arrepiente de lo que dijo y quiere aceptar la casa, como regalo y sin compromiso. Augusto se ofende: no es plato de segunda mesa. Acepta ser su amigo, nada más. Solo, se repite «¡yo soy yo!», pero en la calle se siente una sombra, y en una plazuela oye a un niño decirle a otro: «tú no eras tú».

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  • Augusto Pérez

    Que espera la Rosario

    La casa de Augusto · Ahora viene lo divertido

    Eugenia viene a verle y hacen las paces como amigos. Ella deja caer que, con lo de la casa, ya nadie la pretenderá, y se le escapa una lágrima. Augusto la abraza y la besa; ella habla de fatalidad. Liduvina llama: Rosario espera. Eugenia se va. Rosario le avisa de que esa mujer le está engañando, y le quiere porque es un pobre hombre.

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  • Augusto Pérez

    El hijo de Víctor

    La ciudad de Augusto · Ahora viene lo divertido

    Ha nacido el hijo de Víctor y los padres están encantados. Augusto le cuenta la leyenda de un pirotécnico portugués que se quedó ciego y siguió viendo hermosa a su mujer desfigurada, y confiesa que mirarse a solas en el espejo le hace dudar de su existencia. Víctor ahora le aconseja que no se case.

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9 Capítulos 23–25 · Psicología femenina

  • Augusto Pérez

    Un estudio de mujer

    La ciudad de Augusto · Ahora viene lo divertido

    Augusto se enamora de casi todas las mujeres que ve, hasta de Liduvina. Para defenderse, decide estudiarlas: escribirá dos monografías, «Eugenia» y «Rosario». El erudito Paparrigópulos le explica la teoría de un holandés del siglo XVII según la cual todas las mujeres comparten una sola alma, y le aconseja estudiar a una, o a tres; dos, nunca.

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  • Augusto Pérez

    El experimentado

    La casa de Augusto · Ahora viene lo divertido

    Rosario le espera y Augusto pone en marcha su experimento. Ella se le sienta en las rodillas sin inmutarse y, de pronto, es ella quien le besa. Él la tumba en el sofá, le pide que abra los ojos para verse en ellos «tan chiquitito», se calma y le pide perdón. Rosario se va con miedo, pensando que está loco.

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  • Augusto Pérez

    Cásate

    La casa de Víctor · Ahora viene lo divertido

    Augusto visita a Víctor, que ha vuelto a su nivola, y le escandalizan sus crudezas. Le consulta su estado: Víctor le dice que se case cuanto antes, con cualquiera de las que tiene a mano, porque el único laboratorio de psicología femenina es el matrimonio. «Pequeño Hamlet», le llama.

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  • Miguel de Unamuno

    El Dios de estos pobres diablos

    Fuera de la historia · Alguien tiene otros planes

    Mientras Augusto y Víctor discuten sobre la nivola, el autor interrumpe el relato: sonríe al ver que sus personajes defienden, sin saberlo, lo que él está haciendo con ellos. Él es su Dios.

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10 Capítulos 26–28 · Rana

  • Augusto Pérez

    Marido y mujer

    Avenida de la Alameda, 58 · Patas arriba

    Augusto va a tentar su última experiencia psicológica: le pide a Eugenia que sean marido y mujer. Ella acepta, por compasión, y para librarle de Rosario. Cuando él intenta abrazarla: «¡cuidadito!». Don Fermín celebra que lo hayan resuelto sin intermediarios; doña Ermelinda ya lo sabía.

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  • Augusto Pérez

    Ni timos ni perros

    Avenida de la Alameda, 58 · Al ataque

    Rosario ya no trae la ropa. Eugenia ha dejado las clases y odia el piano; toca por última vez para que él le escriba unos versos, que no le gustan. En su casa no habrá monólogos ni perro: Orfeo tendrá que irse. Luego le cuenta que Mauricio la persigue y que la dejará en paz si le buscan una colocación. Augusto le consigue un empleo, bien lejos.

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  • Augusto Pérez

    Mírese en mis pupilas

    La casa de Augusto · Huele a quemado

    Mauricio viene a darle las gracias por el empleo y le cuenta que se lleva a una muchacha: Rosario. Augusto lo levanta en vilo y lo tira en el sofá. Desde allí, Mauricio le dice que se mire en sus pupilas, a ver qué chiquito se ve, y se va. Augusto le pregunta a Liduvina si de verdad ha estado allí alguien. Luego le dice a Orfeo que es él quien le está soñando.

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11 Capítulos 29–30 · La carta

  • Augusto Pérez

    La carta de Eugenia

    La iglesia · Peor, imposible

    Tres días antes de la boda, Eugenia le pregunta por Rosario con mirada de las que atraviesan. A la mañana siguiente llega una carta y Augusto se la lleva a la iglesia para leerla: Eugenia se ha ido con Mauricio al pueblo de su empleo y vivirán de sus rentas. Posdata: Rosario no va con ellos. Los tíos están consternados; Orfeo sale a consolarle y Augusto se alegra de que ya nadie le eche. Ya solo, estalla.

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  • Augusto Pérez

    Devórate

    La casa de Augusto · Peor, imposible

    Víctor le encuentra hundido en el sofá. No le duele el amor, dice Augusto, sino la burla. Víctor se burla también: quiso hacer de ella su rana y es él la rana; que se devore a sí mismo. Augusto contesta que ahora sí se palpa y no duda de que existe. «¿Que me suicide?», pregunta. «En eso ya no me quiero meter.»

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12 Capítulos 31–33 y epílogo · Salamanca

  • Miguel de Unamuno

    El viaje a Salamanca

    Salamanca · Ahora se entiende todo

    Antes de matarse, Augusto quiere consultarlo con el autor de un ensayo que habla del suicidio y viaja a Salamanca. El autor, que es quien cuenta ahora en primera persona, sonríe al oír que ha llegado y le hace pasar a su despacho.

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  • Miguel de Unamuno

    Usted no existe

    El despacho de Unamuno · A por todas

    Don Miguel le demuestra que conoce sus secretos y le revela que no puede suicidarse porque no existe: es un ente de ficción. Augusto se rehace y le replica que quizá sea el autor el ficticio, que hasta los personajes tienen su lógica, y deja caer que pensó en matarle. Furioso, Unamuno decide que muera. Augusto suplica que quiere vivir y, al no conseguirlo, le anuncia que también él morirá, y todos sus lectores.

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  • Augusto Pérez

    Como, luego existo

    día 270 · La casa de Augusto · Y comieron perdices (o no)

    De vuelta en el tren, cuenta los minutos. En casa, Liduvina se asusta al verle. Cena con un hambre voraz, escribe un telegrama para Unamuno («Se salió usted con la suya. He muerto») y le pide a Domingo que duerma en su cuarto y le rece. Se duerme, se incorpora gritando «¡Eugenia!» y muere. El médico habla del corazón; Liduvina dice que ha sido un suicidio.

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  • Miguel de Unamuno

    ¿Y si le resucito?

    Salamanca · Y comieron perdices (o no)

    Al recibir el telegrama, Unamuno se arrepiente de haberle matado y piensa resucitarle para que se suicide si quiere. Se duerme y Augusto se le aparece en sueños: no se puede resucitar a un personaje, como no se puede resucitar a Don Quijote. Y le repite que quizá el ficticio sea él. El autor sueña que muere y despierta con una opresión en el pecho.

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  • Orfeo

    Oración fúnebre

    día 270 · La casa de Augusto · Y comieron perdices (o no)

    El narrador renuncia a contar qué fue de los demás y hace una sola excepción: Orfeo, acurrucado a los pies de su amo muerto, piensa en el hombre, ese animal que habla, se viste y almacena a sus muertos. Siente venir la niebla y va hacia su amo. Domingo y Liduvina lo encuentran muerto.

    Lista

Lugares

  • Fuera de la historia Las páginas que rodean el relato: el prólogo, el post-prólogo y los apartes del autor.
  • La ciudad de Augusto Una ciudad de provincias sin nombre, con su Alameda, su Casino y sus porteras.
  • La casa de Augusto La casa de su madre, con dos criados, el cenicero con la ceniza del último puro de su padre y un perro.
  • Las calles Por donde Augusto pasea sin rumbo y sigue a quien pase.
  • La Alameda El paseo de los bancos y los pájaros, donde Augusto encuentra a Orfeo.
  • Avenida de la Alameda, 58 El piso segundo de los tíos de Eugenia, con un canario en el balcón. En el portal, Margarita, la portera.
  • La portería de la señora Marta El cuchitril donde Eugenia se ve con Mauricio, sobrino de la portera.
  • El Casino La partida de ajedrez de cada tarde con Víctor.
  • La casa de Víctor Donde se vive al reloj, hasta que llega el hijo.
  • La iglesia San Martín, donde Augusto se refugia y encuentra a don Avito; en otra, la más cercana a su casa, lee la carta de Eugenia.
  • Salamanca La ciudad del autor.
  • El despacho de Unamuno Un despacho-librería con un retrato al óleo del autor presidiendo los libros.

Subtramas

  • Augusto y Eugenia El cortejo de un hombre sin voluntad a una mujer con mucha.
  • La casa hipotecada La deuda que Augusto paga, Eugenia rechaza, acepta y acaba disfrutando con otro.
  • Rosario La chica de la plancha: consuelo, experimento y burla.
  • Víctor y la nivola Un matrimonio que se arregla por accidente, un hijo que no esperaban y una novela que se escribe como se vive.
  • ¿Existe Augusto? De «me están inventando» a la visita a su autor.
  • Orfeo El perro que escucha los monólogos de su amo y el único que le es fiel.

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