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Escribir · 4 minutos de lectura

Escribir con TDAH: trucos que funcionan (y otros que solo quedan bien en Instagram)

Si tienes TDAH, ya has oído bastantes veces «organízate mejor». Esto va de otra cosa: trucos concretos para planificar y escribir una novela con la cabeza que tienes, no con la que sale en las fotos.

En este artículo
  1. Pasos tan pequeños que den un poco de risa
  2. Elige por el tiempo que tienes, no por el orden
  3. Una memoria fuera de la cabeza
  4. El hiperfoco tiene letra pequeña
  5. Temporizadores que no castigan
  6. Permiso para saltar
  7. Pistas
  8. Para hoy

Hay consejos de escritura que quedan preciosos en foto. Escritorio despejado, taza humeante, agenda de colores con la novela planificada hasta marzo. Y luego está la vida real, que a veces incluye cuatro pestañas abiertas, una idea buenísima para el capítulo 14 cuando estás en el 2 y ninguna gana de tocar el 2.

Si tienes TDAH, esto te sonará. Y probablemente también te suene el consejo de siempre: «organízate mejor». Aquí no vamos por ahí. Esto no es consejo médico ni pretende serlo; son trucos de mesa de trabajo, de los que se prueban un martes. Quédate con los que te sirvan y tira el resto sin remordimientos.

Pasos tan pequeños que den un poco de risa

«Planificar la novela» no es una tarea. Es niebla. «Escribir en una frase qué quiere Mara» sí es una tarea: tiene principio, final y cabe en diez minutos.

Lo más difícil suele ser arrancar, y un paso pequeño arranca mucho mejor que uno grande. Una regla práctica: si sabes qué tienes que hacer pero no te pones, el paso aún es demasiado grande. Pártelo otra vez. Si te da un poco de vergüenza lo pequeño que ha quedado, vas bien.

Elige por el tiempo que tienes, no por el orden

En lugar de preguntarte «¿qué toca ahora en la lista?», pregúntate «¿cuánto tiempo tengo?». Con diez minutos, ponle nombre al bar de los gemelos. Con media hora, escribe lo que pasa en un beat. Con una tarde, reparte escenas.

Así no gastas la energía en decidir, que a veces es lo que más cansa. Y aprovechas los ratos sueltos, que existen aunque no sean la tarde libre ideal.

Una memoria fuera de la cabeza

Las ideas llegan cuando quieren, que casi nunca es cuando estás con esa parte de la novela. Si intentas retenerlas, se te va lo que estabas haciendo. Si no las apuntas, se van ellas.

La solución es tener un sitio, siempre el mismo, donde soltarlas en una línea y volver a lo tuyo. Sin ordenarlas en ese momento. Ya habrá un rato para decidir si «el dragón estornuda chispas cuando miente» es una escena, un rasgo o una tontería.

Y lo mismo con el «¿por dónde iba?». Si dejas la novela una semana (o tres), que algo te diga dónde lo dejaste, sin tener que reconstruirlo de memoria.

El hiperfoco tiene letra pequeña

A veces llega: cuatro horas seguidas planificando, la estructura entera de una sentada, el mundo desaparece. Es estupendo. También es cuando te das cuenta a las once de la noche de que no has comido.

No hace falta pelearse con él. Basta con algo que, de vez en cuando, te recuerde que tienes cuerpo. Un vaso de agua al lado, una alarma suave, alguien que asome la cabeza. Si va bien, sigues. Si no, ya tienes la excusa para levantarte.

Temporizadores que no castigan

A mucha gente le funciona trabajar a ratos medidos. A otra, la alarma le corta justo cuando por fin estaba fluyendo, y eso sienta fatal.

Prueba a usar el temporizador para empezar, no para parar: «solo diez minutos». Cuando suene, decides tú. Si quieres seguir, sigues. Si quieres parar, has cumplido. Que nada parpadee en rojo ni suene a examen.

Permiso para saltar

Si una pregunta te atasca, sáltala. Una novela no es un examen con las preguntas en orden. Muchas veces lo que frena no es la pregunta difícil, sino la sensación de que no puedes pasar a la siguiente hasta resolverla. Puedes. Y a menudo la respuesta aparece sola cuando has resuelto lo de alrededor.

Pistas

  • Compañía para trabajar. Hay quien se concentra mejor con alguien cerca haciendo lo suyo: en la misma mesa, en una biblioteca o en una videollamada en silencio. No hace falta hablar. Solo estar.
  • Rota cuando se gaste la novedad. Planificar una novela tiene muchos trabajos distintos: estructura, personajes, lugares, escenas. Aburrirte de uno no es fracasar, es la señal para cambiar a otro.
  • El siguiente paso, a la vista. Un pósit en el borde de la pantalla con una sola cosa escrita.
  • Nada de rachas. Un día sin escribir no rompe nada. Mañana la novela sigue ahí.

Para hoy

Una sola cosa: piensa cuánto tiempo tienes de verdad hoy y elige un paso que quepa. Si se te cruza otra idea a mitad, apúntala en una línea y vuelve.

El modo guiado de Sunday Plot se diseñó pensando en quien escribe con TDAH, y se nota en los detalles. Hoy toca empieza preguntando «¿Cuánto tiempo tienes?» (diez minutos, media hora o una tarde) y te propone un paso que quepa. Si un paso te atasca, «Aún no lo sé» lo manda al final y vuelve cuando no quede otra cosa. La bandeja de ideas está a un botón en todas las pantallas de la novela, y «Dónde lo dejaste» te devuelve a tu sitio. Cada paso tiene un temporizador opcional que, al acabar, solo dice que puedes dejarlo o seguir. Y tras 50 minutos seguidos aparece un aviso amable, «Llevas casi una hora», que se cierra con «Sigo un rato más». No bloquea nada. Resulta que a mucha gente sin TDAH también le viene bien.