La página en blanco tiene muy mala fama. Se le atribuyen tardes perdidas, bloqueos de semanas y alguna limpieza a fondo del cajón de los cubiertos que nadie había pedido. Pero si te fijas, lo que asusta casi nunca es la página. Es sentarse delante sin saber qué tiene que pasar.
Cuando eso está resuelto, la página sigue en blanco, sí. Solo que ya es una página, no un abismo.
Dos trabajos que se estorban
Si te sientas a escribir una escena sin haberla pensado, estás haciendo dos cosas a la vez: decidir qué pasa y buscar las palabras para contarlo. Cada una cuesta lo suyo. Juntas, se pisan.
Escribes una frase. Dudas si Mara debería ir primero a la peluquería o al bar de los gemelos. Borras. Miras por la ventana. Vuelves a la frase, que ahora te parece peor. Y al cabo de una hora tienes dos líneas y la sensación de que no sirves para esto.
Sí sirves. Solo estabas haciendo dos trabajos con una sola cabeza. La solución es separarlos: decidir antes, en otro rato (mejor si es otro día), y sentarte a escribir con una sola tarea por delante.
Empieza por la hoja de escena
Antes de escribir una escena, cuatro respuestas cortas. Una línea de «qué pasa» y las tres preguntas de siempre: objetivo, conflicto, desenlace.
En Se busca dragón, la novela de ejemplo de Sunday Plot, hay una escena en la que Mara interroga a Nuria, la peluquera, con la excusa de renovarle el carné de la biblioteca. Su hoja podría ser así:
- Qué pasa: Mara va a la peluquería con el carné como excusa, y Nuria le corta las puntas sin que se lo pida.
- Objetivo: sacarle a Nuria lo que sabe.
- Conflicto: Nuria habla de todo menos de lo que importa. Y las tijeras avanzan.
- Desenlace: sí, pero. La urna llevaba semanas empañada, y Olivia recibía visitas de un señor de Madrid. Dos pistas y cinco centímetros menos de pelo.
Con eso delante, ya no te sientas a inventar. Te sientas a contar algo que sabes.
La línea de «qué pasa» es un raíl
Esa línea es lo que vas a mirar cuando te pierdas. Y te vas a perder: a mitad de escena te descubrirás escribiendo un párrafo precioso sobre los secadores de casco. Ningún problema. Vuelve a la línea y pregúntate: ¿esto acerca a Mara a las pistas? Si no, sigue adelante; el párrafo de los secadores puede quedarse o irse en la revisión.
Un raíl no es una jaula. Si a mitad de escena Nuria dice algo que no esperabas y la escena mejora, síguela. Luego cambias la línea para que diga lo que de verdad pasó. La hoja está para ayudarte a escribir, no para que la obedezcas.
Empieza por la mitad
Nadie te obliga a empezar por la primera frase. Las primeras frases son las más difíciles porque parece que tienen que ser buenas, y eso paraliza a cualquiera.
Empieza por el momento que más ganas te da. Nuria con las tijeras en el aire, preguntando: «¿Y tú dónde estabas el sábado, que no te vi en la verbena?». Escribe desde ahí. Cuando la escena ya esté en marcha, el principio suele salir solo. O descubres que no hacía falta: muchas escenas funcionan mejor si entran cuando la cosa ya está pasando y salen en cuanto deja de pasar.
Escribe mal, a propósito
Un primer borrador no es un examen. Es la versión que existe para que luego haya una mejor. Nadie lo va a leer salvo tú, y tú ya sabes lo que querías decir.
Un truco que funciona: lo que no sepas, entre corchetes, y sigue. [nombre del tinte], [algo ingenioso que dice Álex aquí], [comprobar si Julia ya sabe lo del horno]. Rellenar huecos es trabajo de otro día. Hoy toca que la escena exista.
Pistas
- Lee la hoja justo antes de escribir, no la noche anterior. Dos minutos bastan para tener la escena en la cabeza.
- Deja una frase a medias al terminar. Mañana sabrás exactamente por dónde seguir, y no tendrás que arrancar en frío.
- Si llevas diez minutos sin escribir nada, mira la escena, no la página. Casi siempre falta algo de la hoja, y lo que más falta suele ser el conflicto.
- Una escena cada vez. Pensar en la novela entera mientras escribes una escena es como mirar el mapa del país para cruzar la calle.
Para hoy
Elige la próxima escena que vayas a escribir y rellena su hoja: qué pasa en tres líneas, y una línea para objetivo, conflicto y desenlace. Si aún te quedan ganas, escribe solo la frase del medio, la que más te apetezca.
En Sunday Plot, cada escena tiene su hoja imprimible con todo eso, más quién sale (con su edad ese día), dónde pasa, cuándo y qué ocurrió justo antes. En la pantalla Escribiendo tienes tus escenas en orden de lectura, cada una con su hoja, y un «La he escrito» para ir marcándolas. La prosa la escribes donde siempre: Sunday Plot guarda la novela por fuera, tú pones las palabras.