Aviso: aquí se cuenta quién se casa con quién, quién se fuga con quién y quién lo paga todo. Si aún no la has leído, ve a por ella. Los Bennet llevan más de doscientos años esperando visita y no les importa esperar un poco más.
Orgullo y prejuicio se publicó en 1813 y todo el mundo sabe cómo acaba. Aun así, se lee con el corazón en un puño. Eso lo consigue cómo está montada.
La premisa en una frase
Cuando el caballero más rico del baile dice que no es lo bastante guapa para bailar con él, Elizabeth Bennet decide que ya sabe todo lo que hay que saber de Darcy, y tendrá que descubrir cuánto se equivoca antes de que el orgullo de los dos, y una hermana fugada, les cuesten la felicidad.
La clave está en «decide». La novela no va de un malentendido. Va de alguien muy listo que se equivoca a propósito.
Dos protagonistas, dos mentiras
Lo normal es que tu protagonista se crea una mentira. Austen le da una a cada uno, y las dos encajan como piezas de puzle.
Elizabeth
- Quiere casarse por amor o no casarse, ver feliz a Jane y tener razón sobre Darcy.
- Necesita desconfiar de su primera impresión.
- Se cree que sabe leer a la gente a primera vista.
Darcy
- Quiere proteger a los suyos de alianzas que los rebajen, y no sentir lo que siente.
- Necesita aprender que los modales y la bondad valen más que el rango.
- Se cree que su juicio y su posición le ponen por encima de todo el mundo en Meryton.
Fíjate en cómo se alimentan. El orgullo de él hiere el de ella en el primer baile, y desde ahí ella lo juzga con prejuicio. El prejuicio de ella la hace creerse a Wickham, y él, por orgullo, no se molesta en desmentirlo. Cada mentira le da la razón a la otra. Ninguno puede cambiar sin que el otro cambie un poco antes.
La herida de Elizabeth se ve sin que nadie la explique: una familia que la avergüenza en público y un padre que se ríe de todo. Su ingenio es su escudo, y también lo que la ciega.
La trama B: un romance dentro de otro
En el reparto de Sunday Plot hay un papel de trama B: la relación que ayuda a tu protagonista a ver lo que no ve. En un romance, casi siempre es el amor mismo: Darcy es el obstáculo y la lección a la vez. Así lo hemos marcado, con Wickham en la casilla de antagonista: el que quiere algo que choca de frente con lo que necesita Elizabeth, y lo consigue con encanto.
Pero Austen pone dos parejas más al lado, como espejos. Jane y Bingley se gustan desde el primer baile y casi lo pierden todo por no decir nada. Charlotte y Collins son la otra salida: casarse sin amor para tener una casa. Las subtramas no adornan. Enseñan lo que hay en juego.
Las piezas: dónde encaja y dónde no
Con «Despierta al dragón», casi todo cae solo. Las piezas que más dicen:
- Aquí no pasa nada (todavía): Longbourn. Cinco hijas, ninguna dote y una casa que no heredarán. Y Netherfield se alquila.
- Ya se ha liado: en el baile de Meryton, Darcy dice que Elizabeth es pasable, pero no lo bastante guapa para tentarle. Ella lo oye. El nombre de la pieza le va como un guante.
- Ahora viene lo divertido: la comedia que promete el libro. Collins se declara, Charlotte le dice que sí, aparece lady Catherine y Darcy se planta junto al piano.
- Alguien tiene otros planes: Wickham, con su encanto; Darcy, que separa a Bingley de Jane; y, más tarde, lady Catherine. Ni un villano de bigote.
- Patas arriba: cae casi exacta, hacia el capítulo 34 de 61. Darcy se declara en Hunsford y ella le dice que no. Y no acaba ahí: la carta del día siguiente desmonta a Wickham y, de paso, a Elizabeth. Ella la lee una y otra vez hasta entender que no se conocía. El cambio interior llega a la mitad, no al final.
- Huele a quemado: Lydia se va a Brighton con el regimiento, y Elizabeth calla lo que sabe de Wickham. Esta vez, quien esconde la bomba es la protagonista.
- Peor, imposible: la carta de la fuga llega justo cuando Elizabeth es feliz. Lydia se ha ido con Wickham, y Elizabeth da a Darcy por perdido en el momento exacto en que entiende que podría quererlo.
- A por todas: le planta cara a lady Catherine. Y, cuando Darcy se declara otra vez, esta vez sí.
- Y comieron perdices (o no): Pemberley. Casados, Jane cerca y los tíos Gardiner, que son comerciantes, siempre bienvenidos. Aquí, sin «o no».
Las parejas, en esta novela, son de manual. La mejor es la del principio y el final: «no es lo bastante guapa para tentarme» y «esta vez, sí». Longbourn, que no heredarán, y Pemberley, abierta a los tíos comerciantes. Lo rechaza cuando podría tenerlo y lo pierde cuando lo quiere. Lo da por perdido, y lo tiene.
Ahora, con honestidad, lo que no encaja
En una novela con dos arcos, algunas piezas no las hace Elizabeth. Las cinco son flexibles, así que la estructura lo aguanta.
- «Que lo arregle otro»: quien duda es Darcy. Se siente atraído y decide que no se note. Elizabeth no duda de nada.
- «De perdidos, al río»: Elizabeth se cree la historia de Wickham, y su prejuicio ya tiene argumentos. Es una decisión, pero de juicio, no de acción: decide creer algo. Vale igual, porque lo decide ella; no le pasa.
- «Esto no estaba en el plan»: la persona con la que no contaba es Darcy, y ya estaba en «Ya se ha liado». Las dos piezas caen juntas.
- «Al ataque»: quien actúa es Darcy. Cambia, y se nota en Pemberley, amable con todo el mundo. Elizabeth calla y espera.
- «Ahora se entiende todo» llega por carta, la de la tía Gardiner: fue Darcy quien lo arregló y lo pagó todo. Pero a sí misma, Elizabeth ya se entendió en «Patas arriba». Cuando el reconocimiento llega dentro de «Patas arriba», esta pieza es lo que aún quedaba por entender. Aquí, quién es Darcy.
Quién la cuenta
Un narrador externo, irónico, que casi siempre mira con los ojos de Elizabeth y a veces entra en otras cabezas. En el capítulo 6 nos deja ver que Darcy ya se fija en sus ojos; ella no se entera hasta mucho después. Quien lee sabe que ella se equivoca antes que ella, y sufre y se ríe a la vez.
En la versión de Sunday Plot, cada escena lleva como narrador el personaje desde cuyos ojos se cuenta.
Una escena desmontada
La declaración de Hunsford, en el capítulo 34:
- Objetivo: Darcy quiere que Elizabeth acepte casarse con él. Lo da por hecho.
- Conflicto: se declara hablando tanto de lo inferior que es la familia de ella como de su amor. Y ella acaba de saber que él separó a Jane de Bingley.
- Desenlace: un no rotundo, con todos los reproches. Él se va. Ella llora media hora.
Los dos tienen razón a medias. Por eso la escena no se cierra: sigue en la carta.
Qué puedes aprender de ella
- Dale una mentira a cada protagonista del romance, y haz que se alimenten entre sí.
- Usa parejas secundarias como espejos. Lo que le pasa a Jane o a Charlotte enseña lo que Elizabeth se juega.
- Pon el cambio interior en el centro. Después aún queda lo más difícil: actuar distinto.
Para hoy
Abre la Biblia y escribe la mentira de tu protagonista y la de quien le lleva la contraria. Luego pregúntate si una le da la razón a la otra. Si no, ahí hay una escena esperando.
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