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Personajes · 6 minutos de lectura

Personajes espejo y personajes contraste

Dos herramientas para que los secundarios hablen de tu protagonista sin decir una palabra sobre él o ella. Qué es cada una, en qué se diferencian, cómo las usan los clásicos y los fallos que más se repiten.

En este artículo
  1. El contraste: lo contrario, para que se vea
  2. El espejo: lo mismo, elegido de otra manera
  3. Cómo distinguirlos
  4. Uno puede ser las dos cosas
  5. Los fallos más habituales
  6. Cuándo pensar en ello

Hay una forma muy barata de enseñar cómo es tu protagonista: ponerle a alguien al lado. Una persona muy distinta, para que se note la diferencia. O una muy parecida que elige otra cosa, para que se note la elección.

La primera es un contraste. La segunda, un espejo. Se confunden mucho, porque los dos sirven para mirar a tu protagonista desde fuera. Pero hacen trabajos distintos, y conviene saber cuál estás usando.

El contraste: lo contrario, para que se vea

Un personaje contraste es distinto justo en lo que importa. No en todo: en el rasgo que quieres que se vea. Al lado del suyo, el de tu protagonista salta a la vista, como una mancha de tinta en un mantel blanco.

En Se busca dragón, Olivia, la alcaldesa, es de Valdrago de toda la vida y lo usa como un arma. Mara llegó hace un año y sufre por no ser de allí. Cada vez que salen juntas en una escena, la pregunta de la novela (¿qué significa ser de un sitio?) se hace sola, sin que nadie la diga.

Los clásicos están llenos de contrastes:

  • En Orgullo y prejuicio, Jane piensa bien de todo el mundo. Elizabeth juzga deprisa y con gracia. Las dos hermanas en la misma habitación hacen que el prejuicio de Elizabeth se vea mucho antes de que ella lo sepa.
  • En El sabueso de los Baskerville, Watson es un hombre normal, valiente y sensato. Por eso, cuando Holmes ve lo que Watson no ve, nos damos cuenta de lo lejos que llega Holmes. Sin Watson, sería un listo más.
  • En El retrato de Dorian Gray, Basil y Lord Henry tiran de Dorian en direcciones opuestas: uno le quiere bueno, el otro le quiere interesante. Dorian queda en medio, y su caída se mide por a quién hace caso.

Fíjate en que el contraste no es un enemigo. Jane quiere a Elizabeth, Watson admira a Holmes. Puede ser la mejor amiga, el socio, la hermana. Lo que lo hace contraste es la diferencia, no el conflicto.

Pista

Elige un rasgo de tu protagonista que quieras que se vea (la desconfianza, la prisa, el orgullo) y pregúntate quién de tu reparto lo tiene al revés. Si no hay nadie, a lo mejor ya sabes qué personaje te falta.

El espejo: lo mismo, elegido de otra manera

Un personaje espejo se parece a tu protagonista en algo de fondo: la misma herida, la misma situación, la misma tentación. Y elige distinto. Mirarlo es ver por dónde podría ir tu protagonista.

En Se busca dragón, el espejo es Bruno, el panadero. Él también hace las cosas a solas: escondió el huevo en su horno porque estaba caliente y no se lo contó a nadie. Pero lo hace para proteger a alguien, no para protegerse. Mara mira a Bruno y ve otra forma de hacer lo mismo que ella hace siempre.

Un espejo puede enseñar dos caminos:

  • El que da miedo. En Cuento de Navidad, Marley es Scrooge unos años después: igual de avaro, solo que ya muerto y cargado de cadenas. No hace falta que nadie le explique a Scrooge adónde va. Lo tiene delante, arrastrando cajas de caudales.
  • El que da esperanza. En Frankenstein, Walton tiene la misma ambición que Victor: llegar donde nadie ha llegado, cueste lo que cueste. Su barco atrapado en el hielo es la misma pregunta en pequeño. Victor eligió mal. Walton, al final, da la vuelta.

Y a veces el espejo enseña los dos a la vez. En Orgullo y prejuicio, Collins le pide matrimonio a Elizabeth, y ella dice que no. Unos días después se lo pide a Charlotte, su amiga, y Charlotte dice que sí: quiere una casa y no espera más. Misma propuesta, mismo hombre, dos respuestas. Lo que se juega Elizabeth se entiende mirando a Charlotte.

Pista

Apunta la mentira que se cree tu protagonista y busca a alguien de tu reparto que se crea la misma. Luego decide qué hace esa persona con ella. Si hace lo mismo que tu protagonista, todavía no es un espejo: es un eco.

Cómo distinguirlos

Contraste Espejo
En qué se parece a tu protagonista En casi nada de lo que importa En algo de fondo: la herida, la situación, la tentación
En qué se diferencia En un rasgo, a la vista En la elección
Qué hace que veas Cómo es tu protagonista Qué podría llegar a ser
La pregunta que deja ¿Ves qué distintos son? ¿Y si hubiera elegido como él o ella?

Dicho más corto: el contraste ilumina un rasgo; el espejo ilumina una decisión.

Uno puede ser las dos cosas

No son cajones cerrados. Un mismo personaje puede ser contraste en lo de fuera y espejo en lo de dentro.

Darcy y Elizabeth parecen contrarios: él es rico, seco y estirado; ella, sin dinero, rápida y simpática. Pero los dos se equivocan por lo mismo. Él tiene orgullo y prejuicio; ella, también. Por eso funcionan: en la superficie chocan, y por debajo se reconocen.

Con quien le cambia pasa a menudo. Lo que le atrae de esa persona es lo distinta que es. Lo que le cambia es descubrir que tiene el mismo miedo y lo lleva de otra manera.

Los fallos más habituales

El contraste de cartón. Si el contraste es lo contrario en todo, deja de ser una persona y se convierte en un cartel: la buena y la mala, el listo y el tonto. Basta con que sea distinto en un rasgo. En lo demás, que tenga su vida, sus ganas y sus días malos.

El espejo que sermonea. El espejo enseña, no explica. Si Marley le soltara a Scrooge una charla sobre la generosidad, no asustaría a nadie. Asusta porque se ve el peso de las cadenas. Deja que la elección del espejo hable sola y que tu protagonista saque sus conclusiones (o que no las saque, que también es una historia).

El espejo que no elige. Un personaje con la misma herida y la misma respuesta no le enseña nada a tu protagonista. Es un duplicado. Prueba a fundirlos en uno o a cambiarle la decisión.

Demasiados. Uno o dos espejos y un par de contrastes bastan para una novela entera. Si cada secundario es el reflejo de alguien, la novela empieza a parecer un probador con espejos por todas partes.

Cuándo pensar en ello

No hace falta decidirlo antes de empezar. Muchas veces se descubre al planificar: un personaje que habías puesto para dar una pista resulta que tiene la misma herida que tu protagonista, y de repente sirve para mucho más.

Por eso conviene preguntárselo cuando el reparto ya existe y alguno se te queda plano. Antes de quitarlo, mira si puede ser el espejo o el contraste de alguien. Si no puede ser ninguna de las dos cosas, ni quien le cambia, ni tiene un deseo que roce con nadie, quizá sobra (lo contamos en Secundarios que no son muebles).

En Sunday Plot, cada personaje tiene su ficha en la biblia de tu libro, con «Quién es», lo que quiere, su herida y lo que se cree, así que es fácil ponerlos uno al lado del otro. En la pestaña Relaciones puedes apuntar «espejo de» o «contraste de» como cualquier otra relación, y verlo en el mapa. Y en Se busca dragón tienes a Mara, Bruno y Olivia para mirarlos juntos.