Seguro que te has cruzado con alguno. El amigo que aparece cuando tu protagonista necesita desahogarse, asiente, dice «tienes razón» y desaparece hasta la próxima crisis. O la vecina que solo existe para darle una pista y luego se evapora. Están en la escena como está el perchero: hacen su función y nadie se pregunta qué piensan.
Los secundarios no tienen que ocupar tanto como tu protagonista. Pero sí tienen que estar vivos.
Cada uno quiere algo (aunque sea pequeño)
El truco es el mismo que con tu protagonista, en tamaño bolsillo: cada secundario quiere algo. No hace falta que mueva la trama. Basta con que exista.
En Se busca dragón, Mara interroga al pueblo con la excusa de renovar los carnés de la biblioteca. Si los vecinos fueran muebles, contestarían a sus preguntas y ya. Pero cada uno va a lo suyo:
- Nuria, la peluquera, quiere enterarse de todo antes que nadie. Contesta a Mara con otra pregunta.
- Julia, la presidenta de la comisión de fiestas, quiere que el festival salga perfecto este año, y un robo en la plaza le estropea los planes.
- Iker y Unai, los gemelos del bar, quieren hacer la caja del año durante las fiestas, y llevan un año apostando a si el huevo «estaba vivo». Luego el dragón les quema el toldo.
Por eso cada vecino tiene un motivo y una coartada malísima: porque cada uno tiene su vida, y su vida se cruza con la de Mara de lado, no de frente. Eso da roces, malentendidos y escenas que no hay que inventar a la fuerza.
Y hay un premio al final. En el festival, Nuria finge un desmayo, los gemelos cortan la calle con la barra del bar y Julia lanza el chupinazo a destiempo. Los sospechosos acaban de cómplices, y quien lee lo disfruta porque los conoce.
Pista: para cada secundario, apunta un deseo y una costumbre. Con eso, una línea de diálogo suya ya suena distinta a la de los demás.
El personaje de la trama B
Hay un secundario que pesa más que el resto: el de la trama B. Es la relación que va a cambiar a tu protagonista. Puede ser un amor, una amistad, un mentor, un rival. Lo que importa es que, a través de esa relación, tu protagonista aprende lo que necesita. En Despierta al dragón suele entrar en «Esto no estaba en el plan»: alguien con quien tu protagonista no contaba.
En la novela de Mara es Álex Garcés, el único guardia municipal de Valdrago, convencido de que ella es culpable. Al principio. Discuten, se pisan los interrogatorios y empiezan a reírse de las mismas cosas.
Fíjate en lo que hace Álex por el tema. Bruno lo dice casi de pasada al principio: «Aquí nadie es de aquí hasta que alguien le guarda un secreto.» Álex es la persona con la que Mara aprende a confiar. Y también la que le guarda un secreto en contra: la orden de detención. La trama B no es un adorno romántico. Es el sitio donde el tema se pone a prueba.
Pista: el personaje de la trama B también quiere algo propio. Álex quiere hacer bien su trabajo, y durante media novela eso significa detener a Mara. Si solo existiera para enamorarse, sería otro mueble, aunque más guapo.
Quién quiere qué en Valdrago
Mara
Quiere
-
Álex Trama B
Quiere
-
Bruno Espejo
Quiere
-
Olivia Contraste
Quiere
-
Nuria, la peluquera Sospechosa
Quiere
-
Julia, de la comisión de fiestas Sospechosa
Quiere
-
Iker y Unai, los gemelos Sospechosos
Quiere
Espejos y contrastes
Dos herramientas que ayudan a que los secundarios digan algo sin decirlo:
- El espejo se parece a tu protagonista en algo y elige distinto. Bruno, el panadero, también hace las cosas a solas: escondió el huevo en su horno porque estaba caliente, sin contárselo a nadie. Pero lo hace para proteger a alguien, no para protegerse. Mara mira a Bruno y ve otra forma de hacer lo mismo.
- El contraste es lo contrario, para que lo de tu protagonista se vea mejor. Olivia, la alcaldesa, es de Valdrago de toda la vida y usa eso como un arma. Al lado de Mara, que sufre por no ser de allí, la pregunta de la novela salta a la vista: ¿qué significa pertenecer a un sitio?
No hace falta etiquetar a cada personaje. Pero si un secundario no es ni espejo, ni contraste, ni trama B, ni tiene un deseo que roce con nadie, pregúntate qué hace en la novela.
Cuando sobran personajes
A veces el problema es el contrario: hay demasiados. Dos amigas que cumplen la misma función, tres compañeros de trabajo intercambiables. Prueba a fundirlos en uno. Casi siempre sale un personaje mejor, con más cosas que hacer.
Y si un secundario aparece al principio, desaparece cien páginas y vuelve al final como si nada, quien lee probablemente se habrá olvidado de quién era. A veces es a propósito. A veces es un despiste.
Para hoy
Elige un secundario, uno solo, y escribe una frase con lo que quiere. Luego otra con cómo eso roza con lo que quiere tu protagonista. Si no roza en nada, busca dónde podría.
En Sunday Plot, cada personaje tiene su ficha en la Biblia, con el mismo «Quiere» que tu protagonista, y en la pestaña Relaciones ves el mapa de quién es qué de quién. El modo guiado te pregunta por el de la trama B. Y si un personaje desaparece cinco capítulos o más y luego vuelve, los Avisos te lo comentan, por si fue un despiste. A los muebles, nadie los echa de menos.