Aviso: aquí se cuenta todo, final incluido. Si aún no la has leído, tranquilidad: el retrato aguanta bien la espera. Es lo suyo.
Oscar Wilde publicó El retrato de Dorian Gray en una revista en 1890 y al año siguiente la amplió para el libro: de trece capítulos a veinte, y un personaje nuevo, James Vane. Desmontamos la de 1891, la única novela de esta galería en la que la mentira del protagonista no se cae: le destruye.
La premisa en una frase
Cuando Dorian Gray, un joven bellísimo deslumbrado por la filosofía del placer de Lord Henry, consigue que su retrato envejezca en su lugar, se entrega a una vida sin consecuencias visibles, hasta que lo que esconde en el cuadro le obliga a elegir entre confesar o destruir la única prueba de que tiene alma.
La clave es visibles. Las consecuencias existen. Solo cambian de sitio.
Un arco que baja
Casi todos los arcos suben: el personaje se cree una mentira y al final la suelta. En un arco negativo, al revés. Cada vez que Dorian puede elegir la verdad, elige la mentira, y la mentira gana.
Sus cajones, en nuestra lectura:
- Quiere conservar la juventud y la belleza y probarlo todo sin pagar nada.
- Necesita mirar de frente lo que hace y hacerse responsable, aunque no se le note en la cara.
- Se cree que si nadie ve las consecuencias, no existen.
La herida está en un capítulo que Wilde añadió en 1891: su madre se fugó con un oficial sin dinero, el abuelo hizo que le mataran en un duelo, y Dorian creció en una casa donde nadie le quería cerca. El retrato acabará escondido en la sala de estudio de aquella infancia.
Lord Henry, Basil y Sibyl
¿Qué es Lord Henry? Podría ser el mentor: enuncia el tema en el capítulo 2, cuando explica que la juventud es lo único que vale y que a una tentación conviene ceder. Pero lo que enuncia es la mentira. En la novela desmontada le hemos puesto como antagonista. No se opone a lo que Dorian quiere (se lo sirve en bandeja): empuja contra lo que necesita. Y gana sin mover un dedo. Un antagonista no tiene que perseguir a nadie con un cuchillo. A veces basta con prestar un libro.
Basil, el pintor, es la conciencia: le pide una y otra vez a Dorian que sea digno del cuadro, y la última vez le cuesta la vida. En el reparto, Sibyl Vane hace de trama B: el amor que podía salvarle. Dorian se enamora de la actriz, no de ella, y cuando Sibyl deja de actuar porque ama de verdad, la desprecia. Ella se envenena esa noche.
Despierta al dragón, del revés
Despierta al dragón aguanta la tragedia: cada pieza tiene su versión oscura. Aquí no pasa nada (todavía): Basil enseña el retrato de un joven bellísimo y se niega a exponerlo. Ya se ha liado es un deseo: Dorian daría el alma por que envejeciera el cuadro y no él. Y en ese momento le quita a Basil la espátula con la que iba a rajarlo. Que lo arregle otro está, aunque la duda no es quedarse o salir: es Basil o Lord Henry, la conciencia o la tentación. Elige a Henry. Esto no estaba en el plan es Sibyl, en negativo: la oportunidad que desperdicia. Y Alguien tiene otros planes le va a Lord Henry al pie de la letra: ha decidido que Dorian será su experimento.
Patas arriba es una falsa victoria: Sibyl ha muerto, Lord Henry le convence de verlo como una tragedia preciosa, y Dorian decide que el retrato cargará con todo. Se siente libre justo cuando pierde. Huele a quemado: un capítulo se come unos dieciocho años en una lista de perfumes, joyas, tapices y rumores, y la bomba escondida es el propio retrato (y James Vane, que duerme; más abajo). A por todas: apuñala el retrato con el mismo cuchillo con que mató a Basil. Un acto distinto, y terrible: al principio salvó el cuadro de una espátula; al final lo destruye él. Y en Y comieron perdices (o no) el retrato vuelve a ser el que pintó Basil, con un viejo irreconocible en el suelo. Pocas veces el «(o no)» ha trabajado tanto.
Ahora, con honestidad, lo que no encaja. Peor, imposible llega pronto y del revés: Dorian no pierde, destruye. Le enseña el retrato a Basil y le mata. Y Ahora se entiende todo, una de las piezas flexibles, llega tarde y la rechaza: tapa el crimen, chantajea, huye al opio. Su buena acción del final, dejar en paz a una chica de pueblo, Hetty, no es el héroe que cambia: es vanidad, y el retrato lo sabe. En la tragedia, ver la mentira del revés también puede ser negarse a verla. Por eso, entre la caída y el final, hay un tramo largo de huida que en un arco que sube sería corto.
El retrato, la ficha que no miente
En Sunday Plot, la ficha de personaje tiene una sección, «Su arco», con una nota por beat: cómo está el personaje en cada punto de la historia. El retrato de Dorian es eso, pero pintado. Una línea de crueldad en la boca tras abandonar a Sibyl. Arrugas y fealdad con los años. Una mancha roja en la mano después de Basil. Astucia e hipocresía tras la falsa buena acción.
Pista: si tu protagonista cambia por dentro, busca algo visible que lo registre. Sin magia: una casa que se cae, cómo trata a un camarero.
James Vane, la subtrama que se para
James, el hermano de Sibyl, jura en el capítulo 5 que matará a quien le haga daño, y se embarca. Vuelve en el capítulo 16, dieciocho años después, en un fumadero de opio, al oír a una mujer llamar a Dorian por el apodo con que le conocía Sibyl: Príncipe Azul.
En Sunday Plot, Avisos lo marca: la subtrama de la venganza se para seis capítulos. Y aquí está bien que se pare. El silencio es el arma: Dorian ya lo había olvidado, y quien lee, también. Avisos pregunta; tú decides si el hilo duerme a propósito o se te ha caído.
Una escena desmontada
El camerino, capítulo 7:
- Objetivo: Dorian quiere que Sibyl vuelva a ser la artista de la que se enamoró.
- Conflicto: ella ha elegido la vida real, y a él lo que le enamoraba era el arte.
- Desenlace: no, y además. La deja llorando en el suelo. Al volver a casa, el retrato ha cambiado.
De + a −. La premisa se cumple por primera vez, y con una crueldad.
Quién la cuenta
Un narrador externo, que entra en la cabeza de Dorian, de Basil, de Lord Henry o de los Vane cuando le conviene. En Sunday Plot, la novela tiene el modo de narrador externo y cada escena lleva en «Narra» al personaje desde cuyo punto de vista se mira.
Para hoy
Si tu protagonista va a acabar peor de lo que empieza, apunta cuándo puede elegir la verdad y no lo hace. Un arco negativo no es mala suerte: son decisiones.
En Sunday Plot, abre la ficha de tu protagonista y rellena «Su arco» beat a beat. Léelo de arriba abajo, como quien mira un retrato.