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Clásicos por dentro · 6 minutos de lectura

Niebla por dentro: el personaje que le planta cara a su autor

Un joven sin rumbo se enamora, le dan calabazas y viaja a Salamanca para discutir con Unamuno si tiene derecho a matarse. Desmontamos Niebla con las herramientas de Sunday Plot: premisa, cajones, las piezas de Despierta al dragón y el narrador que acaba sentado frente a su personaje.

En este artículo
  1. La premisa en una frase
  2. Los cajones de Augusto
  3. ¿Quién es el antagonista?
  4. ¿Quién la cuenta?
  5. Despierta al dragón: dónde encaja y dónde no
  6. Una escena desmontada
  7. Lo que puede aprender quien escribe hoy
  8. Para hoy

Aviso: aquí se cuenta todo, final incluido. Aunque el prólogo ya te dice cómo acaba, así que el primer destripe es del propio libro.

Miguel de Unamuno publicó Niebla en 1914 y, por si alguien le acusaba de saltarse las reglas de la novela, le puso otro nombre: nivola. Para quien escribe es la novela más divertida de esta galería, porque su protagonista hace lo que todos tus personajes sueñan con hacer: presentarse en tu casa a pedirte explicaciones.

La premisa en una frase

Un joven rico y ocioso, que deja que un perro elija por qué calle pasear, se enamora de una profesora de piano que ya tiene novio, y tiene que conquistarla y, de paso, demostrar que existe de verdad, antes de que la burla de ella y la pluma de su propio autor decidan por él.

Fíjate en el verbo: decidir. Augusto Pérez decide muy poco, y la única vez que decide algo de verdad, su autor le corrige.

Los cajones de Augusto

  • Quiere conquistar a Eugenia. Después, algo más raro: saber que existe.
  • Necesita salir de la niebla: hacerse cargo de su vida en vez de esperar que se la den hecha una mujer, un amigo o quien le escribe.
  • Se cree que enamorarse le hará real. Si ama, existe.
  • La herida: su madre vivió solo para él y murió seis meses antes de la primera página. Le quedan dos criados, un tablero de ajedrez y ningún motivo para salir de casa.

Eugenia será ese motivo. Y ese es el problema: más que quererla a ella, quiere tener algo que hacer.

¿Quién es el antagonista?

En la novela desmontada hemos puesto a Eugenia: se opone a lo que Augusto quiere durante casi todo el libro y le gana la partida. Pero el antagonista que llega por sorpresa, y al que no hay forma de vencer, es el autor.

Un aviso: Augusto y sus amigos dicen cosas sobre las mujeres muy de 1914, y él llega a hacer «experimentos de psicología femenina» con Eugenia y con Rosario, la chica de la plancha. Lo bueno es que el libro se ríe de él: Rosario le besa antes de que sepa qué estaba midiendo, y Eugenia acepta casarse con él para fugarse con su novio y vivir de la casa que Augusto le regaló. El experimentador acaba de rana.

¿Quién la cuenta?

Aquí Niebla se pone juguetona. Abre con un prólogo de Víctor Goti, el mejor amigo de Augusto, que jura que Augusto se suicidó. Sigue un post-prólogo de Unamuno que lo niega, y que avisa a Goti de que, si se pone pesado, le puede pasar lo mismo.

Después, un narrador externo y discreto que de vez en cuando opina. En el capítulo 25 deja de disimular y se declara el Dios de sus personajes. En el 31 recibe a Augusto en su despacho de Salamanca.

En Sunday Plot la hemos tratado como una novela de varios narradores. En el campo «Narra» va Augusto casi siempre, Eugenia en las tres escenas en que él no está, Unamuno cuando el autor habla de sí mismo y Orfeo, el perro, en la oración fúnebre final. Avisos te preguntará si es a propósito que Orfeo narre una sola escena. Lo es.

Despierta al dragón: dónde encaja y dónde no

Las catorce piezas de Despierta al dragón están en una novela escrita sin plan, y en orden. Aquí no pasa nada (todavía) es Augusto en la puerta, con el paraguas, esperando a que pase un perro para saber adónde ir. Ya se ha liado: pasa una muchacha, la sigue a ella y la portera le da su nombre. Que lo arregle otro es Augusto entero: Eugenia tiene novio, y él consulta qué hacer con los criados, con el recuerdo de su madre y con un perro recién nacido. Alguien tiene otros planes: Eugenia y Mauricio piensan vivir de él. Y el autor también tiene planes para su personaje. Nunca le ha ido tan bien su nombre a una pieza.

Patas arriba es una falsa victoria de manual: le pide la mano a Eugenia como experimento, seguro de que dirá que no, y dice que sí. Peor, imposible es la carta: Eugenia se ha ido con Mauricio. Pierde justo el «sí». Ahora se entiende todo: va a Salamanca y Unamuno le revela que no existe, la mentira del revés al pie de la letra. A por todas: le planta cara a su autor y, por primera vez, quiere algo. Y en Y comieron perdices (o no) cena como nunca y muere. Comió, literalmente. Un perro abrió la foto y otro la cierra: Orfeo, a los pies de su amo.

Ahora, con honestidad, lo que no encaja. De perdidos, al río no lo decide Augusto: un canario se cae de un balcón, él lo sube y la tía de Eugenia le nombra candidato. Le pasa. Al ataque, tampoco: los preparativos de la boda le llevan, y no actúa porque no sabe. Las dos son piezas flexibles, y aquí «aquí no hay», o «se la hacen otros», es la respuesta buena. Ese «no» es la novela. Si a tu protagonista le falla siempre la misma pregunta, pregúntate si es a propósito.

Los tiempos tampoco cuadran. Ahora viene lo divertido se come más de medio libro, y «Patas arriba» cae hacia las cuatro quintas partes, no en la mitad. Las piezas aguantan; los porcentajes, no. Lo que importa es el orden. Y «Ahora se entiende todo» se la explican, cuando lo normal es que tu protagonista lo descubra sin ayuda. En un libro sobre un personaje y su autor, esa es la gracia.

Esto no estaba en el plan es Víctor, que le cambia la pregunta, no el carácter. Augusto se dice a sí mismo que la vida es una niebla; cuando Víctor le llama «ente de ficción», en el capítulo 10, es un chiste. En el 31 es literal.

Una escena desmontada

«Usted no existe», capítulo 31:

  • Objetivo: Augusto ha decidido suicidarse y va a Salamanca a consultarlo con su autor.
  • Conflicto: el autor le dice que no puede matarse porque no está vivo. Augusto se rehace y contraataca: quizá el ficticio sea usted. Y le recuerda que «hasta los llamados entes de ficción tienen su lógica interna».
  • Desenlace: no, y además. Unamuno, harto, decide que muera. Augusto suplica que quiere vivir y, al no conseguirlo, le anuncia que también él morirá, y todos sus lectores.

Empieza mal y acaba peor, pero es la única escena en la que Augusto quiere algo de verdad: ha tenido que oír que no existe para descubrir que quiere vivir. Esa noche cena como un condenado, deja escrito un telegrama, «Se salió usted con la suya. He muerto», y muere.

Lo que puede aprender quien escribe hoy

Que la queja de Augusto es justa: un personaje con lógica propia se resiste a que lo muevas por capricho, y cuando lo fuerzas se nota. Unamuno lo convirtió en la trama.

Y que un protagonista sin voluntad funciona si el libro trata de eso y los demás tienen muchas ganas: Eugenia quiere no deberle nada, su tía quiere casarla, Mauricio quiere que le mantengan, Víctor quiere escribir.

Para hoy

Imagina que tu protagonista llama a tu puerta. ¿Qué te reprocharía? ¿Qué decisión de tu escaleta le parecería un capricho tuyo y no algo que haría por su cuenta?

En Sunday Plot, abre su ficha en la Biblia y mira sus cajones. Si una escena le obliga a algo que contradice lo que quiere, lo que necesita y la mentira que se cree, quizá Augusto tenga razón.

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